De paquidermos y playas
Esta es una historia más bien simple. Estuve en Costa Rica hace unas semanas, en un lugar maravilloso llamado el Golfo de Guacamayo. A eso de las cinco de la tarde, cuando el sol comenzaba a esconderse, hice mi práctica de Chi Kung Shaolin en medio de un paraje indescriptible: detrás, la montaña con un bosque tropical cargado de amarillos y verdes claros; al frente, el mar salpicado de naranja y violeta, entre trazos de espuma blanca; al lado, piedras lavadas por el mar, de un amarillo intenso con algunas briznas de algas que las acarciaban; bajo mis pies, la playa, de arena negra, en la que contrastaban las conchas y los caracoles blancos relucientes con el brillo de la tarde. Al cabo de un rato, con el corazón henchido, llegó la hora de volver al hotel. Si bien estaba deleitado con el lugar y el flujo que había logrado en dicho lugar, caminar sobre la arena no era lo más fácil, mis pies se hundían una y otra vez y el camino se podía hacer un tanto pesado. Fue entonces cuando, luego de soltar una sospechosa sonrisa, decidí concentrarme en la liviandad, conectarme con mi Dan Tien y caminar como una gacela por donde, hacía unos segundos, era el más torpe de los paquidermos.
Un abrazo de navidad y un año nuevo lleno de salud y prosperidad para todos.
Esta es una historia más bien simple. Estuve en Costa Rica hace unas semanas, en un lugar maravilloso llamado el Golfo de Guacamayo. A eso de las cinco de la tarde, cuando el sol comenzaba a esconderse, hice mi práctica de Chi Kung Shaolin en medio de un paraje indescriptible: detrás, la montaña con un bosque tropical cargado de amarillos y verdes claros; al frente, el mar salpicado de naranja y violeta, entre trazos de espuma blanca; al lado, piedras lavadas por el mar, de un amarillo intenso con algunas briznas de algas que las acarciaban; bajo mis pies, la playa, de arena negra, en la que contrastaban las conchas y los caracoles blancos relucientes con el brillo de la tarde. Al cabo de un rato, con el corazón henchido, llegó la hora de volver al hotel. Si bien estaba deleitado con el lugar y el flujo que había logrado en dicho lugar, caminar sobre la arena no era lo más fácil, mis pies se hundían una y otra vez y el camino se podía hacer un tanto pesado. Fue entonces cuando, luego de soltar una sospechosa sonrisa, decidí concentrarme en la liviandad, conectarme con mi Dan Tien y caminar como una gacela por donde, hacía unos segundos, era el más torpe de los paquidermos.
Un abrazo de navidad y un año nuevo lleno de salud y prosperidad para todos.

Mil gracias por tu consejo, sabes tambien he sentido cosas extrañas como que no podia jalar el suficiente aire al repirar con el ejercicio de empujando montañas, y al volverlo a hacer senti miedo a irme en la noche, son canales que se estan destapando?
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